Su vida
La vida es una frágil posesión que normalmente, sin mucho anuncio previo, un día se rompe y aquellos que testificamos cercana o lejanamente esta conclusión vital, debemos aquilatar el legado que deja la persona. En el caso de Jorge, seguramente quienes lo conocieron y convivieron con él se quedarán con muchas experiencias. En lo personal, me deja el recuerdo de su carácter, donde resaltaba su capacidad para hacer bromas y mirar la vida con alegría, a través de chistes y bromas aunque estuviera enfrentando grandes retos en su vida. Estar cerca de él, era disfrutar el lado positivo de la existencia. Tuve la fortuna que nos invitara a bautizar a su hijo Filemón, nuestro ahijado, pero por la distancia geográfica conviví en forma limitada con él, mis convivencias fueron en fiestas familiares, especialmente de fin de año. Una de ellas, fue en la villa de la Ilama, tierra de los Castro, en el municipio de Salvador Alvarado, Sinaloa, donde se festejó el nuevo año con banda, y como siempre disfrutaba la música sinaloense bailando y departiendo con los demás. La imagen que tengo de él es, parado en la orilla de la fiesta, bebiendo y departiendo con los demás miembros de la familia y los vecinos del lugar. El cigarrillo era parte de sus hábitos. Algunas veces nos invitó a su casa, una de ellas fue cuando había estrenado una por el norte de Culiacán y en forma previa, cuando vivía en el INFONAVIT Humaya, lugar donde nacieron la mayoría de los sobrinos. Su carácter también se caracterizaba por ser emprendedor, recuerdo sus diferentes negocios, donde la comadre Imelda (Mela), era el apoyo laboral incondicional. Recuerdo el restaurante, la planta de agua, entre otras iniciativas que tuvo.
Para los que no lo conocieron, Jorge nació en Guamúchil, ciudad del centro-norte de Sinaloa, creció en Guasave, donde estudió secundaria, y comercio. Trabajó muchos años en el Banco Serfin, para luego dedicarse a negocios particulares. Jorge, aunque hizo su vida adulta en la ciudad, principalmente, Culiacán, nunca olvidó sus raíces campiranas, donde las botas y el sombrero eran parte del vestir.
El compadre Jorge partió después de una larga y denodada lucha contra el cáncer, su vida, esa frágil posesión, no alcanzó a llegar a los horizontes extremos del ciclo vital, duró seis décadas, lo despido con un abrazo para él y para la comadre Mela, su fuerte compañera y a todos los sobrinos, especialmente a Filemón, el ahijado. A Doña Delia, mi admiración, por la gran fortaleza que saca de la fragilidad de su cuerpo y su dorada edad, para despedir a su hijo. Los hijos tienen la obligación de despedir a los padres, pero en este caso ella, tuvo la doble tarea de darte la vida y darte el adiós o el hasta pronto. Mi reconocimiento a todas sus hermanas y hermanos por el apoyo moral y físico que siempre le dieron, algo que caracteriza a los Castro-Montoya.
Se le extraña "Tío"
Darius